Guillermo Ortea llevaba una vida aparentemente normal. Casado y padre de cuatro hijos, nada hacía suponer
que los problemas que acontecían en su vida y que poco a poco iban minando a la
familia, podían tener un origen diabólico, camuflado en lo que parecía un
sencillo e inofensivo juego de adolescentes: la tabla ouija.
El último fin de semana de marzo de 2014 Guillermo Ortea
contó su experiencia personal ante numerosos jóvenes y padres de familia en
Barcelona y Gerona, advirtiendo de los peligros de las prácticas espiritistas.
Él mismo cuenta que hasta quince años después de sus juegos
con la ouija no se dio cuenta de que sufría de una influencia demoníaca que
afectaba a todos los ámbitos de su vida, hasta llevarle al límite de la
desesperación tanto a él como a sus familiares. Ahora da sus testimonio para
advertir a los jóvenes que estas prácticas espiritistas no son ningún juego
inofensivo.