sábado

DIOS ME SANO.

Testimonio de curación: ¡Por tus llagas, yo fui sanado! / Autor: Neil Velez, fundador de la comunidad Misioneros de Jesús

(Comunidad Canción Nueva) Hermanos, sin Jesús no hay esperanza, nosotros podemos pedir, pedir, pero sin Jesús en nuestras vidas, como Señor y Salvador no hay esperanza. Hay muchos que intentan vivir sin Dios, viven en el dinero, en la carne, en las fiestas, en las supersticiones, pero inmediatamente ellos perciben que hay un vacío en el alma, pues el único que puede llenar este vacío es Jesús, sin Él no vivimos. Nuestra mayor acción de gracias, de todos los días, la primera cosa que debemos hacer todas las mañanas es levantar las manos hacia Dios y agradecerle por habernos dado a Jesucristo, quién tiene a Él tiene todo.

En Hebreos 11, 1 dice: “La fe es el fundamento de la esperanza, es una certeza acerca de lo que no se ve.” A veces no sabemos esperar en Dios por las inseguridades que tenemos en Él y perdemos su gloria. Dios llega hasta donde nosotros lo llevemos y si yo no creo, Dios tampoco creerá, todo depende de nuestra fe. El secreto no esta en saber que Dios puede hacer aquello que pedimos, sino en saber que Él lo hará. Lo que nosotros obtendremos es aquello que pedimos creyendo que Dios ya nos lo ha concedido, tenemos que creer que tenemos un Dios que se manifiesta a través de nuestra fe, pues Él honra nuestra fe. Nosotros tenemos un Dios que desea manifestarse en nuestras vidas y que simplemente espera por nosotros.

Yo nací enfermo. Los médicos le dijeron a mi madre que yo nacería enfermo, los médicos decían que ella correría grandes riesgos si decidía darme a luz y los médicos le sugirieron que me abortara. Ella como una buena mujer católica resolvió darme la oportunidad de nacer y por esta decisión que ella tomó, hoy estoy aquí. Yo nací exactamente como los médicos habían dicho, las válvulas de mi corazón no funcionaban, yo tenía el cuerpo deformado y permanecí un año separado de mi madre.

Sufría de hemorragias internas, tenía meningitis y aparecían tumores por todo mi cuerpo, hasta quedé ciego. Especialistas me analizaron y llegaron a la conclusión de que yo tendría solamente tres meses de vida. En el hospital yo había acabado de tener una crisis cuando recordé un versículo que se encuentra en la Biblia y este versículo me incomodaba mucho, este versículo esta en 1Pedro 2, 24 y me incomodaba porque estaba en el pasado y decía que “por sus llagas fuimos curados”, me decía que yo no esperara la cura, porque yo ya había sido curado y yo no entendía porque estaba allí en aquella cama del hospital muy enfermo, casi muriendo.

Yo sentí que aquel versículo no hablaba solamente de mi salvación, sino decía también que yo estaba curado de mis enfermedades. En aquel cuarto de hospital comencé a pensar que, o eso era una mentira o de lo contrario yo no conozco a Dios y oí una voz bien clara diciendo: “Hijo mío, tú no me conoces”. Mi familia vivía en la Iglesia y en misión predicando, desde pequeño yo los acompañaba, servía, fui formado en la Iglesia, fui educado en la Iglesia y hasta fui a un seminario y ahora aquella voz me decía que yo no Lo conocía.

Cuestioné aquella voz, pues mi vida siempre fue dentro de la Iglesia y aquella voz venía a decir que yo no conocía a Dios, pero yo creía que conocía a Dios, pero en la verdad yo estaba muy lejos de Él. En mi caso, yo no perdía una Eucaristía, una Misa, no dejaba de rezar, pero no tenía una experiencia con Dios, de ahí pude entender lo que la voz quería decirme. En llantos, yo dije al Señor: “es verdad Señor, yo no te conozco, pero hoy yo quiero conocerte”, y en aquel momento algo muy fuerte vino sobre mí que me causó un fuerte dolor de cabeza, algo insoportable. Grité tanto, que los médicos vinieron al cuarto e intentaron calmarme, pero aquel dolor era muy fuerte y en el momento en que yo paré de llorar, abrí los ojos y percibí que podía ver de nuevo.

Los médicos se quedaron maravillados con los exámenes que me hicieron, pues los tumores desaparecieron, yo ya no tenía más meningitis y por eso yo podía volver a ver. Pero los médicos, sin creer, dijeron que yo podía haber mejorado, pero aquello era dudoso y que yo aún estaba muriendo y en la verdad quien estaba muriendo era mi corazón viejo. En aquella noche nacía un nuevo Neil, con una nueva fe y yo comencé a caminar en esta fe. Yo le dije a los médicos que yo no moriría y ellos me decían que no existía nada que me hiciera mejorar y yo insistí con ellos diciendo que yo no moriría. Ellos preguntaron:” ¿Quien le dijo a usted que no morirá? y yo les dije: “¡Dios me habló! ¡Porque, por sus llagas yo fui curado!”

Yo entonces necesitaba ejercer la fe, aquello en lo cual yo estaba creyendo, la fe es la acción del creer, es el verbo del creer. No podemos tener una fe parada, necesitamos tener una fe que glorifique a Dios. Si yo creía estar curado necesitaba demostrar que estaba curado, en pensamientos, actos y palabras. Insistí para volver a mi casa, los médicos no querían dejarme, pero fui para mi casa. Mi padre y mi madre, para que mi muerte no los sorprendiera, hicieron toda la preparación de mi funeral y en casa yo encontré los contratos de la funeraria y les dije a ellos:“o rasgan eso o lo venden, pues no moriré, PORQUE POR LAS LLAGAS DE JESÚS HE SIDO SANADO”

Todos me entregaban a la muerte, líderes, sacerdotes, obispos, me decían que yo moriría. Es triste cuando todos desisten de ti, la medicina, tu familia, la Iglesia, hasta mi propio cuerpo. Si la Palabra me decía que yo estaba curado, yo necesitaba actuar como tal. Fui a los grupos de oración a dar testimonio de mi cura y muchos sabían que yo estaba enfermo y cuando yo testimoniaba, ellos decían que yo estaba mintiendo, pero yo no estaba mintiendo, estaba sólo caminando en la fe.

Mi propia madre le dijo a mis hermanos de la comunidad Misioneros de Jesús que no me creyeran, pues la enfermedad estaba tomándome de tal forma que yo había quedado loco, pero yo sabía que esas cosas eran espirituales. Esas cosas a nosotros nos parecen locura, sin embargo, el espíritu comprende. Comencé a caminar y a salir en misión, pero fue difícil, pues todos habían desistido de mí. Tengo una Biblia en casa que en el mismo versículo que decía de mi sanación esta manchado de sangre, pues mientras yo testificaba, tenía hemorragias internas y la sangre goteaba sobre aquel versículo. Muchas veces yo terminaba de dar el testimonio y tenía convulsiones, y mis amigos me llevaban al hospital.

Hoy yo doy este testimonio porque Jesús hizo esto conmigo y también podrá hacer eso contigo. Yo llevo esta palabra a todo el mundo. Yo he visto al Señor sanar cáncer, SIDA, vi a Dios levantar a cinco muertos. ¡Cree en Dios y dejale ser Dios en tu vida, si tú crees verás la Gloria de Dios, si Él hizo esto conmigo, lo hará contigo también!
FUENTE: ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS.

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