martes

EL ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN NOS PROTEGE.

Tres testimonios de milagros por intercesión del escapulario carmeli


El sacramental entregado por la Virgen del Carmen.
Estamos en la semana de la Virgen del Carmen, cuyo poder está simbolizado por el escapulario de la orden carmelita, símbolo de la protección de nuestra Madre María a sus devotos. Ver La Devoción del Escapulario Carmelita. Juan Pablo II lo llevaba siempre y fue un fuerte impulsor del mismo. Muchos han sido y son los milagros otorgados por el uso del escapulario carmelita.  


La Virgen entregó a San Simón Stock, General de los Carmelitas, el escapulario carmelita en 1251 y le dijo: “Tú y todos los Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno”; es decir, quien muera con él, se salvará. Y luego, la Santísima Virgen se apareció al Papa Juan XXII en el siglo XIV y le prometió para quienes cumplieran los requisitos de esta devoción que 
“como Madre de Misericordia con mis ruegos, oraciones, méritos y protección especial, les ayudaré para que, libres cuanto antes de sus penas, (…) sean trasladadas sus almas a la bienaventuranza”.

LA VIRGEN LE IMPIDE SUICIDARSE

Una Hermanita de los pobres, que murió en Francia siendo Superiora, contaba lo que le había sucedido a ella misma:
Muerto mi padre, nos fuimos a vivir a París, mi madre, que ya era anciana, y yo. En mi casa había dinero para abrir un modesto taller, y como yo sabía, gracias a Dios, ganarme la vida con mi trabajo, logré ir haciendo un pequeño capital. Pero después mi pobre madre cayó enferma de muerte, aunque la enfermedad había de ser muy larga. Cerré mi taller y mi tienda y, dejándolo todo, solamente me desvelaba por aliviar los padecimientos de mi madre (a quien yo amaba de todo corazón) y de ir alargando su vida minada por un cáncer, que no tenía cura. Al cabo de dos años murió mi querida enferma y yo quedé sola en el mundo; y no solamente quedé huérfana, sino también arruinada, porque todos mis ahorros y ganancias se habían consumido en la enfermedad.
Aquella muerte, aquella soledad, aquella ruina, fueron mi perdición. Perdí en efecto la esperanza en Dios nuestro Señor, me desesperé, y, finalmente, para suicidarme, hice lo que vais a oír:
Entré una noche del mes de julio en mí aposento; cogí un gran brasero; lo llené de carbones y lo encendí, y habiendo cerrado la puerta y la ventana, me acosté para morir dulcemente por asfixia.
Serían como las cinco de la mañana, cuando casualmente, es decir, providencialmente, vino a visitarme una antigua amiga mía que acababa de llegar a París a aquellas horas. Llamó a mi cuarto; y como nadie contestase, preguntó por mí a los vecinos; y sospechando todos alguna desgracia, descerrajaron la puerta de mi cuarto y quedaron espantados al verme muerta.
Casualmente también, es decir, providencialmente, entraba entonces en la casa el famoso Doctor Recamier para visitar a un enfermo; y habiéndole rogado al doctor los vecinos que pasase a verme, el doctor me examinó muy despacio, y declaró a todos los circunstantes que yo estaba muerta y bien muerta.
Pero casualmente también, es decir, providencialmente, vio el Doctor que yo llevaba el ESCAPULARIO DEL CARMEN, y entonces exclamó:
-No señores, no; no debe estar muerta esta mujer; lleva puesto el SANTO ESCAPULARIO; y ningún suicida logra morir, aunque en ello se empeñe, cuando lleva consigo este talismán.
Tomó, pues, en sus manos el Doctor mí Escapulario, volvió a ponérmelo bien, tornó a mirar, a remirar, a palpar mi cuerpo yerto y a examinarme más despacio. ¡Inútil empeño! No lograba encontrar en mí ninguna señal de vida. Más no por eso se daba por vencido el cristianísimo Doctor, en cuyo rostro, muy a las claras, se leían el dolor, la pena, el asombro y la profunda meditación que le embargaban.
-Traed, dijo de repente, traedme dos mazos de madera, y vamos a golpear todo el cuerpo, particularmente por la región del estómago. No puede ser que haya muerto en medio de la desesperación quien lleva puesto el ESCAPULARIO DEL CARMEN.
Comenzaron a menudear suaves golpes de mazo sobre mi cuerpo frío; y el sabio y piadosísimo Doctor examinaba atentamente a cada minuto mis yertos despojos, sin descubrir ni atisbar ninguna señal cierta de vida. Y así se pasó una hora mortal: ellos dándome golpes con los mazos, y él observando con mucha atención y diligencia mi cadáver.
Pero de repente se ilumina la cara del Doctor Recamier, el cual, con lágrimas en los ojos, comenzó a gritar:
-Ya, ya vuelve a la vida este cuerpo. Bien lo decía yo: Nuestro Señora del Carmen no podía dejar morir así a quien llevaba puesto su SANTO ESCAPULARIO.
Confusos, atónitos y espantados quedaron los circunstantes, que después de aquella larga brega, casi fúnebre, habían perdido ya toda esperanza. Pero todos se desvivían después (Dios se lo pague) por cuidar amorosamente de esta infeliz pecadora.
Finalmente logré la más cabal salud; lloré mi pecado, pedí perdón a Dios y a los hombres y entré en religión. Yo deberé, pues, mi salvación eterna al bendito ESCAPULARIO de la Santísima Virgen del Carmen.

PRÉNDESE FUEGO UNA CASA, Y ARROJANDO A LAS LLAMAS EL SANTO ESCAPULARIO SE APAGA

El Rvdo. P. Mtro. Fr. Francisco Boersio, nos dice que en Ada, lugar del Obispado de Milán, prendiose fuego en la casa de Alejandro Coto. Fue tan desdichado, que cuando llegó el remedio fue tarde, pues hallándose la casa en despoblado y algo distante del lugar, no siendo más que él y un hermano suyo para apagarlo, tras hacer esfuerzos desesperados, vieron con gran sentimiento y dolor que por todas partes era el inmueble presa de las llamas.
En tal congoja y tribulación ocurriósele a uno de ellos el echar o arrojar sobre las llamas el Escapulario de la Santísima Virgen del Carmen que traía pendiente de su cuello, a lo cual le alentó el otro hermano, diciéndole que había oído decir muchas veces que echando el Santo Escapulario sobre el fuego se había apagado de súbito. Ejecutáronlo así y el conflicto o falta de medios materiales para lograr sofocar el fuego, alentó aún más su fe y devoción para suplicar con ansias a María Santísima se dignase poner remedio, mediante su bendito Escapulario, a aquella tribulación que les descorazonaba y afligía sobremanera.
No tardó más la Santísima Virgen en socorrerles que ellos tardaran en arrojarle con ardiente fe y rendida confianza sobre las llamas de aquel fuego devastador, pues al punto reconocieron la superior virtud del Santo Escapulario y resolviéronse en denso humo las voraces llamas.
Respiraron consolados con tal prodigio ambos hermanos, que puestos de rodillas no cesaban de dar gracias con indecible júbilo y alborozo a la Madre de Dios; pero he aquí que al levantarse quiso el cielo que admirasen otro mayor, pues entre vivas ascuas hallaron el Santo Escapulario de María intacto, sin haber osado el fuego tocarle ni ofenderlo lo más mínimo.
Llegó presto a Milán la noticia del suceso, y el Sr. Vicario lo examinó y jurídicamente lo aprobó, para que en todo tiempo diésemos gracias a nuestra Madre amable, que así se digna consolar a los que con viva fe y rendida confianza acuden a su valiosísima protección en los instantes de inminente peligro.

CASTIGO EJEMPLAR

Ha sido táctica secular de los herejes protestantes ridiculizar las prácticas de devoción de los católicos, sobre todo las relacionadas con la Santísima Virgen. Pero, mal que les pese, Ella ha sido siempre la que quebranta con su huella inmaculada todas las herejías, como canta la Iglesia.
Una sacrílega parodia que hicieron los protestantes el año 1923, en la ciudad de Añasco, en la isla de Puerto Rico, es buena prueba de la popularidad inmensa que había alcanzado y que goza afortunadamente la devoción al Santo Escapulario de nuestra Madre del Carmen, que no en vano desfilaron por la isla apóstoles de la devoción a nuestra dulce Madre, tales como los padres Elías Sendra, Espiridión María Cabrera y el fervoroso y santo apóstol P. Elías Besalduch, y no menos lo es en la actualidad el benemérito Carmelita padre José Sánchez. Tratose, pues, de ridiculizar por los protestantes tal devoción como una de las de más honda raigambre entre los católicos.
El relato del caso es del Rvdo. P. Pedro de Arancibia, agustino, natural de abadiano, residente por aquellas fechas en Puerto Rico. El hecho tuvo lugar en la ciudad de Añasco, el día 24 de diciembre del mencionado año de 1923.
Celebraban, dice el P. Arancibia, los protestantes una velada, intentando ridiculizar nuestras devociones y hacer burla y chacota del clero católico. En la tal velada tomaban parte una joven de apellido Domínguez, que desempeñaba el papel de princesa. Un joven, Pietri, hacía de sacerdote católico. Pietri exigió dinero a la joven Domínguez. A la negativa de ésta, el cura Pietri, montando en cólera, insultó violentamente a la princesa, diciéndola: “Te vas a condenar, eres mala católica”. La joven Domínguez, para demostrar su catolicidad religiosa, muéstrale un Escapulario de la Virgen del Carmen que pendía de su cuello. El iracundo y frenético cura se lo arrebata de las manos, diciendo: “Esto es una tontería, una por…” levantando el brazo en actitud de arrojar al suelo el bendito Escapulario.
Pero Jesús, que suele tolerar con más paciencia los agravios inferidos a su persona adorable, suele hacer sentir su mano justiciera sobre los que se atreven a injuriar a su Santísima Madre.
En el presente caso no quiso que se profanara el honor de María y quedase en ridículo la devoción predilecta del pueblo católico de Puerto Rico. El brazo que se levantara para arrojar el Santo Escapulario del Carmen, como herido por un rayo, queda inmóvil. El joven Pietri queda idiota; no sabe ni puede responder a los que, estupefactos, le preguntan qué le pasa. El que entró en la velada rebosante de salud y alegría, sale a hombros de sus amigos, paralítico, idiota y enfermo.
Los protestantes hubiesen querido ocultar el espantoso suceso, mas, por fortuna, había en la velada, también, algunos católicos, que pusieron inmediatamente en conocimiento de su párroco todo lo sucedido, el cual refirió lo ocurrido para edificación de sus feligreses, en las fiestas del día de Reyes, y en la de San Antonio Abad, patrón de la parroquia, escuchándole emocionados todos los fieles que asistían a la Santa Misa, en los que se aumentó más y más el fervor y la devoción hacia el bendito Escapulario de María Santísima del Carmen, siendo centenares los que le recibieron este último día.

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