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TESTIMONIO DE ÁNGELES CUSTODIOS

¨YO MANDARE UN ÁNGEL DELANTE DE TI  PARA QUE TE DEFIENDAN ( Ex: 23-20 )


Nosotros nunca utilizamos los regalos de Dios y es un hecho que los ángeles custodios están a nuestro lado para nuestro servicio; son muchos los testimonios de nuestros ángeles de la guarda, quiero entonces dedicar estos testimonios a mi ángel de la guarda y dedicarle varios testimonios de ángeles.


EXPERIENCIAS DE ÁNGELES

En los escritos llamados Actas de los mártires de los tres primeros siglos, se habla frecuentemente de los ángeles, que vienen a llevar a los mártires al cielo. Se dice en las Actas de Perpetua y Felicidad, a propósito de la visión de Saturnus: Habíamos sufrido el martirio y habíamos salido de nuestro cuerpo. Cuatro ángeles comenzaron a llevarnos hacia el oriente, sus manos no tocaban nuestros cuerpos. Llegamos a un lugar vasto, que se parecía a un jardín, con rosales y toda clase de flores. Ahí había otros cuatro ángeles, más resplandecientes que los primeros. Desde que nos vieron, nos saludaron y dijeron a los otros ángeles con admiración: Ahí están, ahí están.


En la vida de los Padres del desierto también se habla de ángeles, que se aparecían a aquellos anacoretas. En la vida de san Antonio abad se cuenta que un día estaba él sentado en un monte, haciendo oración, cuando alzó los ojos a lo alto y vio un alma subir entre ángeles al cielo. Estupefacto, pidió saber quién era. Y oyó una voz que le dijo que era el alma del monje Amón, que habitaba en Nitria, a trece días de camino... El santo lo dijo a sus compañeros monjes, que anotaron el día. Después de un mes, algunos monjes llegados de Nitria, trajeron la noticia de la muerte de Amón, que coincidía con el día y la hora.


La venerable Benita de Laus (1647-1718) asistía a la agonía de un niño de dos años. De pronto, vio quince ángeles que estaban junto a su cuna. Cuando el niño murió, trece ángeles lo llevaron al cielo, mientras que los dos restantes se quedaron para guardar su cuerpo. La visita de aquellos ángeles la inundó de una gran alegría.
La misma Benita de Laus dice que, en la Navidad del año 1700, tomó parte en una procesión que los ángeles hacían alrededor del santuario de Laus (Francia). Y vio una multitud inmensa que, con perfecto orden, iba en procesión. Los precedía un hermoso estandarte. La mitad de los ángeles llevaba un vestido rosa y la otra mitad, un vestido blanco. Todos llevaban un cirio encendido. Benita también tomó un cirio del altar del santuario y los siguió durante el recorrido, dando tres vueltas al santuario.

Un misionero de Vietnam escribía en 1896: Había una familia que me había salvado dos veces de la persecución de los mandarines y me tenía oculto en su casa, cuidando día y noche mi seguridad y dándome de comer de su té y de su arroz. Yo creía que estaban bien preparados para dejar la idolatría y aceptar el cristianismo. Pero no querían convertirse. Yo rezaba por su conversión. Un día, un jovencito, de doce o trece años, que no tenía ninguna idea de la religión cristiana, leyó por casualidad algunos capítulos de una Biblia. Él le contó a la hija de la casa, donde yo estaba hospedado, la historia de Tobías y del ángel Rafael. Esta chica me dijo un día:
Conozco una religión mejor que la tuya, es la religión de los ángeles.

Entonces, yo le expliqué que esa religión era la nuestra. Le expliqué a su familia los episodios de la Biblia, donde se habla de los ángeles. Y fue un éxito total, pues todos quisieron convertirse. Los bauticé a los pocos días, confiando a cada uno de ellos a su ángel custodio.
La venerable María Angélica Álvarez Icaza cuenta en sus Memorias sobre el día de su primera comunión: Yo sentía un amor por Jesús que me hacía desfallecer. Empezó la misa solemne y por momentos crecía mi fervor. Estaba tan embriagada de dicha que muchas cosas se me pasaron sin fijarme, ni sé qué música había ni qué convidados ni nada. Cuando llegó el prefacio, entonces yo no sé qué me pasó; porque, de manera nunca antes experimentada, sentí que venían los ángeles del cielo para hacer reverencia a su Señor; no los vi, pero los sentí con una fuerza y una impresión tanto más honda cuanto que me vino de repente sin que yo pensara en ellos.
Los ángeles se presentan a la vista de los hombres de distintas maneras. A los niños suelen presentarse como niños de su misma estatura. A las mujeres, como mujeres. En ocasiones, lo hacen con alas; otras veces, sin alas. Pueden presentarse como jovencitos de quince años o como mayores con gran estatura e, incluso, como animales.
Cuando la venerable Madre Agnes de Langeac salía de su casa para ir a cualquier sitio, ella veía un pajarito blanco que la acompañaba por delante. Este favor extraordinario, que Dios le concedió durante ocho años, le daba mucha alegría, pues el pajarito siempre la guiaba por el mejor camino.
La venerable Oringa se extravió una vez a la caída de la noche y caminaba al azar a través de los campos. Ella se encomendó a Dios y a los ángeles. De pronto, se encontró en un gran prado, bordeado de grandes árboles. La luna lucía hermosa y las estrellas brillaban en el cielo. Entonces, se sentó para disfrutar de aquella escena nocturna y esperar la llegada de la aurora. En ese momento, se le acercó una hermosa liebre y comenzó a saltar junto a ella con confianza, demostrándole afecto y alegría. La liebre se dejaba acariciar por ella. Y así pasó la noche, tranquila y feliz.
Al amanecer, quiso continuar su camino y la misteriosa liebre marchó delante de ella como señalándole el camino. así pudo tomar la ruta correcta, desapareciendo la liebre, enviada por Dios.
A Sor Marie du Christ (1907-1973) se le presentaba como una águila que la llevaba en bilocación en sus viajes lejanos. A Ana Ebele (1917-1985), joven alemana, se le presentaba como un pajarito que se posaba familiarmente en su espalda. En las apariciones en Zeitum, Egipto, entre 1968 y 1970, en ocasiones se veía a la Virgen rodeada de palomas gigantes luminosas, que todos creyeron que eran ángeles.
San Luis Gonzaga (+1591), el santo jesuita que murió a los 23 años y es llamado joven angelical, por su gran devoción a los ángeles y por su pureza, la virtud angelical, escribió un librito, titulado Meditaciones sobre los ángeles.
Uno de los sucesos que le hizo sentir un gran amor por su ángel custodio ocurrió, cuando iba de viaje con un grupo de gente. Al llegar a un río, estaba tan crecido por las continuas lluvias que él mismo los desalentó a pasar, porque era muy peligroso. Pero, casi al momento, vieron todos a un hombre, que parecía un pescador, que pasaba tranquilamente por un lugar cercano. Se dirigieron allá y el mismo Luis Gonzaga los animó a pasar, pasando todos sin dificultad, a pesar de que el río era muy crecido. Como no encontraron al pescador, pues había desaparecido de modo misterioso, todos creyeron que se trataba de un ángel, que les había señalado el lugar para pasar o que les había facilitado milagrosamente el paso sin peligro alguno.
Son muchísimos los servicios que los ángeles pueden prestarnos. Sobre esto he escrito dos libros: Tu amigo el ángel y Ángeles en acción. Veamos algunos ejemplos.
Se cuenta en la vida de la Madre Amparo del Sagrado Corazón de Jesús (+1941), la fundadora del convento de Clarisas de Cantalapiedra (Salamanca):
Un día, se fue a confesar su madre y el sacerdote le preguntó a Amparito:
¿Cuántos años tienes? Cuatro. ¿Y con quién juegas? Con mi ángel. ¿Pero ves a tu ángel? Sí, padre, aquí está, dijo señalando a su lado. ¿Y cómo es tu ángel? Un poco más alto que yo y más guapo.
El sacerdote le dice entonces:
¿Viniste ayer a mi sermón? Sí, padre, pero me dormí. Pues dile a tu madre que esta noche, después del sermón, venga a verme; y a tu ángel que te diga el sermón que yo predique. Si me lo dices todo sin dejar nada, creo que está aquí tu ángel; si no me lo dices bien, no te creo.
Llegado el momento, y en el Casa Rectoral, preguntó el sacerdote de nuevo:
¿Ves a tu ángel? Sí, padre, aquí está, mírele. Pues dile que te diga mi sermón.
Efectivamente, la pequeña fue repitiendo íntegramente el sermón sin cambiar ni añadir nada. El padre, impresionado, no pudo menos de decir:
Mira, niña, o has de ser muy santa, muy santa, o un demonio que lleve muchas almas al infierno; así que ten mucho cuidado de no cerrarle las puertas a Dios.
Dice la señora Francesca Mercuri di Rosarno: Un día que iba a Mileto, me acerqué con mi hija Cintia de ocho años a Paravati para ver a Natuzza (famosa mística italiana, que vive todavía). Le pregunté:
¿Tú ves algo? Sí, veo el ángel de la niña.
Y dirigiéndose a Cintia le dice:
¿Por qué respondes a tu mamá? Me lo está diciendo su ángel. Tú debes ser más amable con tu mamá.
Natuzza ve a los ángeles de las personas con quienes habla como niños de unos 10 años, a la derecha de las personas laicas y a la izquierda de los sacerdotes. Es por esto que conoce, si son sacerdotes, aunque vayan vestidos de civil. Y son los ángeles quienes le dicen lo que debe responder cuando le hacen preguntas.
La venerable Madre Inés de Langeac estaba tan recogida en la presencia de Dios que, muchas veces, no oía el sonido de la campana, cuando llamaban a la puerta, siendo ella la hermana portera. Entonces, el ángel le decía:
Llaman a la puerta.
Otras veces, le avisaba que era la hora de ir a rezar el Oficio divino. Una tarde, estaba tan concentrada en Dios que no se acordaba de tocar la campana para que las hermanas fueran a rezar. Su ángel la condujo de la mano y le puso la cuerda de la campana en la mano.
San Estanislao de Kostka (1550-1568) contó: Una vez estando enfermo en Viena (Austria) en la casa de un protestante y deseando ardientemente recibir la comunión oré con devoción a santa Bárbara y aparecieron dos ángeles junto a la santa. Uno de los ángeles me dio la comunión.
San Felipe Neri (1515-1595) fue salvado en una ocasión por su ángel de ser atropellado por un carro tirado por cuatro caballos alocados que atravesaron una calle estrecha a toda velocidad. El ángel lo levantó hacia lo alto. En otra oportunidad, su ángel se hizo pasar por un pobrecito que le pidió limosna, y, cuando Felipe le iba a dar las pocas monedas que tenía, le dijo el ángel sonriendo: “Quería ver solamente lo que sabes hacer”.
En el proceso de la beatificación de santa Gema Galgani (1878-1903), su tía Elisa asegura que, en una oportunidad, la Madre Priora de las Pasionistas le llamó la atención por venir sola al convento, ya que su director espiritual, Monseñor Volpi, le había prohibido salir sola de casa. Gema le respondió a la Priora:
No estoy sola. Está conmigo mi ángel custodio. ¿Dónde está? Se ha quedado fuera. Dile que venga.
Gema abrió la puerta y dijo:
Aquí está, Madre Priora.
Y la Priora aceptó la disculpa. La tía Elisa cuenta que esto sucedió, cuando Gema tenía unos quince o dieciséis años.
Santa María Francisca de las cinco llagas estaba en abril de 1786 tan enferma que no podía hacer ningún movimiento. Dom Pessiri le llevó una taza de chocolate, que dejó junto a su cama. Pero ella no podía tomarla. Ella pidió ayuda a Dios por intercesión de san Rafael arcángel y, al momento, una mano invisible le presentó la taza y después la colocó vacía en su lugar. Ella se lo agradeció al arcángel.
El venerable padre Bernardo de Hoyos (1711-1735), el primer apóstol del Sagrado Corazón de Jesús en España, tenía la gracia de ver a su ángel custodio. Y dice: No puedo ni siquiera explicar los efectos que produce en mi alma la visión del ángel. Me causa un gran consuelo sentir que me oye, cuando le hablo, y que presenta al Señor cuanto le digo. Yo le trato familiarmente como si fuera un amigo muy especial y siento que me trata del mismo modo.
También tuvo mucha devoción a san Miguel arcángel, quien le aseguró que le ayudaría y defendería contra todas las asechanzas del demonio en su Obra de extender la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
La beata Isabel Canori Mora (1774-1825), escribe en su Diario: El Señor se dignó mostrarme el triunfo de su misericordia y vi almas del purgatorio que, en filas, acompañadas de sus ángeles custodios entraban gloriosas y triunfantes en el cielo. Todos los días del octavario ocurrió lo mismo y así por nueve días.
Santa Gema Galgani (1878-1903), en su Diario dice: Ayer por la mañana, después de la santa comunión, Jesús me dijo que hoy, después de medianoche, volaría al cielo el alma de la Madre Teresa. Y, efectivamente, así fue. Vi llegar a la Virgen, acompañada del ángel de la guarda de la Madre Teresa, quien me dijo que su purgatorio había terminado y que se iba al cielo. A santa Gema su ángel le llevaba las cartas al correo en forma de pajarito.
Santa Micaela del Santísimo Sacramento (1809-1865) afirma: Siempre que necesito llamar a alguna persona, le mando un ángel y viene en seguida, sea conocida o extraña; a mi secretario, que vivía lejos, le he llamado de día y de noche, temprano o tarde, y siempre me lo han traído y, a veces, venía de mala gana y sacándole de alguna iglesia o de la tertulia de noche. Jamás me han faltado y muchos días, por casos imprevistos, tres veces en un día llamar al mismo sujeto y venir; han dicho siempre que sentían una inquietud y recordaban que yo les habría mandado un ángel y no podían parar hasta venir, de modo que todos, todos entran diciendo: ¿Me has llamado con un ángel?.

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