lunes

UN MILAGRO HERMOSO,MADRES CON DIAGNÓSTICOS. DIFÍCILES NO SE DESANIMEN


UN MILAGRO REAL
Llegó el momento de la primera ecografía. Fue el 19 de octubre del 2000. Estábamos exultantes. ¡Por fin íbamos
a ver a nuestro hijo! Se pone en marcha el ecógrafo... Y ahí estaba, flotando en el vientre de su madre, con sus
bracitos, sus piececitos, su cabecita...
-"Bueno - dice la doctora - tiene pliegue bucal positivo y alto. ¿Ha pensado hacerte una amniocentesis? "
-"No", responde mi mujer, "si no es necesario no queremos hacerla por los riesgos que conlleva para el niño."
-"Pues yo te recomiendo que te la hagas porque este niño viene con síndrome de Down o alguna otra
anomalía cromosómica y cuanto antes lo sepas, antes podrás decidir, que aún estáis a tiempo."
-"¿Nos está hablando de abortar?".
Os podéis imaginar cómo nos sentíamos. Todo nos daba vueltas, iba demasiado de prisa. Hacía sólo unos
momentos estábamos llenos de gozo y ahora nos hablaban de problemas. Nos pasaron inmediatamente con otra
doctora que nos explicó en lo que consistía la prueba, los riesgos que tenía, etc. Pasamos con una tercera
doctora que le practicó a mi mujer un "screening", prueba determinante para conocer el Síndrome de Down. Dio
positivo. Enseguida nos habló de "interrumpir voluntariamente este embarazo..."
A estas alturas del día, nuestro dolor y aturdimiento eran enormes. Al llegar a casa cogí los Evangelios, le pedí a
Dios una palabra en la que me explicase qué estaba ocurriendo. Y me dijo: "El Señor lo necesita..." Fui adonde
estaba mi mujer y le dije que no entendía por qué necesitaba Dios esto de nuestro hijo, pero que teníamos que
decir sí como María. Y comencé a llorar como cuando era niño buscando consuelo en Ella. (Sabed, mis queridos
hermanos, que esta aceptación de la voluntad de Dios no es una heroicidad; con el paso del tiempo he llegado a
la convicción de que esta confianza en Dios viene de Él porque no nos abandona JAMAS.)
Comprenderéis que fuimos a otra ginecóloga para nueva consulta y  desgraciadamente nos corroboró el
diagnóstico dado, añadiendo otra angustia: Aparecían unas manchitas en el cerebro que podrían borrarse o
convertirse en una hidrocefalia. Esto en un niño con Síndrome de Down, significaba que "podría morir al nacer,
tener  diversas cardiopatías. ...o ser un niño adorable y extraordinariamente cariñoso... Pero sufren mucho y
sufren sus padres...Sois jóvenes... Podréis tener más niños... Esto no es más que un accidente. "¿Mi hijo un
accidente? Otra vez nos hablaban de abortar.
Al volver a casa, Dios me dio otra palabra: "Antes de haberte formado Yo en el seno materno, te conocía y antes
de que nacieses te tenía consagrado"(Jr.1,5). ¡Bendito sea Dios! Nos corroboraba que este niño estaba presente
de manera palpable en el Amor de Dios. Nuestras oraciones se hicieron más vivas que nunca, más sinceras y
profundas. Sí, aceptábamos la voluntad de Dios con todas sus consecuencias -aunque no entendiéramos nada-,
pero estábamos convencidos de que Cristo sana y atiende cada una de nuestras peticiones. Nosotros Le
rogábamos que sanase a nuestro hijo.
El 24 de octubre fuimos a Misa de Sanación al Templo de María Reparadora con el padre Jaime Burke O.P., al
que Dios bendiga cada día de su vida. Fuimos a verle y le contamos lo que nos ocurría. Humildemente le
rogamos que rezara  por nosotros y por el niño. "Muy bien", nos dijo, "pon las manos sobre el vientre de tu
esposa". Nos abrazó y entre otras palabras dijo: "Que en la próxima revisión, los médicos se maravillen de tus
prodigios Señor."
Tras aquella oración sentimos muchísima paz. No dejé en ningún momento de confiar en Dios, pero a veces,
dudaba que su Voluntad fuese la de curar a nuestro hijo. Iba caminando por la calle con esa angustia, cuando
escuché en mi interior una voz clarísima que me dijo:"Confía en Mi". El Divino Cristo de la Misericordia me
alentaba a dejarle hacer a El.  Y comencé a cantar: "Deja que Dios sea Dios, tú sólo adórale..."Llegó el día de la siguiente prueba, 30 de octubre. Al llegar a la consulta me dijeron que yo no podía pasar.
Esperé. Sabía que a esa misma hora varios hermanos estaban orando por nosotros. Yo también me puse a
rezar: "Hágase tu voluntad Padre, pero una palabra Tuya, una mirada... Y mi hijo sanará.  "Cuando se abrió la
puerta, salió mi mujer riéndose y dijo: "Los médicos no se lo explican, pero ha desaparecido el pliegue bucal y las
manchas en el cerebro. El niño está perfectamente. Me han hecho una segunda ecografía porque no entendían
lo que estaba pasando."  Me eché a llorar, os podéis imaginar, lloraba ante la Grandeza de Dios, ante su Amor
derrochado sobre nosotros a borbotones, sobre nuestro hijo...El niño nació normal.
(Este testimonio lo he conocido gracias a Pablo Gine

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