martes

EL RIGOR DEL PURGATORIO !



THOLOMEI: he aquí la historia auténtica de una alma llamada a filas del juicio de Dios, por un favor totalmente especial, para empezar de nuevo su prueba terrestre; se trata de la venerable Angèle Tholoméi, la religiosa Dominicana, y hermana del Bienaventurado de este nombre.
Había crecido en la virtud, y por su fidelidad que corresponde a la gracia, había alcanzado un grado de perfección notable, cuando peligrosamente enfermó; su hermano  B. Juan-Bautista Tholoméi, que era ya poderoso en obras delante de Dios, no pudo, a pesar de sus perentorias oraciones obtener curación; recibió pues con piedad los últimos sacramentos y un poco antes de expirar tuvo una visión:  vio el sitio que le estaba reservado en Purgatorio, en castigo de ciertos defectos que no había corregido bastante durante su vida; al mismo tiempo tuvo una visión de conjunto del Purgatorio, y los diferentes suplicios que las almas aguantan allí; después de eso murió encomendándose a las oraciones de su santo hermano.
Mientras que se llevaba su cadáver para enterrarlo, B. Juan-Bautista se acercó al ataúd, y en nombre de N.-S. Jesucristo, mandó a su hermana salir; en seguida se despertó como de un sueño profundo, y volvió a la vida.
Esta alma santa contaba del juicio de Dios cosas que hacen estremecerse; pero lo que, más que todo el resto, probaba la verdad de sus palabras, fue la vida que llevó después; su penitencia era verdaderamente horrorosa; no contenta industrias ordinarias a las austeridades de los santos, los desvelos, los cilicios, los ayunos, las disciplinas, había inventado secretos para martirizar su cuerpo; durante el invierno, se sumía hasta el cuello en un estanque helado, y quedaba allí  horas largas a recitar el libro de oraciones, de otra vez se echaba en las llamas, y se revolvía allá hasta que su carne estuviera totalmente quemada; su pobre cuerpo se había hecho objeto de horror y de piedad; altamente la censurábamos, pero como apenas se preocupaba de eso, y se contentaba con responder a los que encontraban que lo hacía demasiado: <<¡ oh! ¡ Si usted conociera el rigor de los juicios de Dios, usted no hablaría así! ¿ Que es que esto? ¿ Qué esto? Querría hacerlo cien veces más.>>
Después de algunos años pasados en estas penitencias terribles, fue llamada por segunda vez delante de su Juez, y podemos esperar que lo encuentre menos severo, ya que la Iglesia, proclamándole venerable, declaró que había practicado las virtudes cristianas a un grado heroico. Lo que él allí de haber sido muy notable en esta historia, es que no se trata de un pecador que muere en el odio de Dios, se trata de una persona muy  religiosa, totalmente aplicada sobre los deberes de estado, y que, por algunas imperfecciones ligeras al juicio de los hombres, sufre los rigores del juicio de Dios. ¡ Por desgracia! ¡ Pobre pecador que soy, que será de mí, si otras personas justas son tratadas así! (Vita V. Angelae Tholoméi).

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