domingo

PURGATORIO

he visto en el purgatorio a protestantes que vivieron piadosamente en su ignorancia religiosa. (visiones beata catalina emmerich.

VIAJES AL PURGATORIO Y AL INFIERNO..
Ana Catalina Emmerick tuvo desde muy niña una especial devoción a las almas del purgatorio. Triste cosa es que las ánimas benditas sean ahora tan rara vez socorridas —afirma ella—. Es tan grande su desdicha que no pueden hacer nada por su propio bien.
Pero cuando alguno ruega por ellas o padece o da alguna limosna en sufragio de ellas, en ese mismo momento cede esta obra en bien suyo y ellas se ponen tan contentas y se reputan tan dichosas como aquel a quien dan de beber agua fresca, cuando está a punto de desfallecer.
Su ángel la llevó varias veces a visitar el purgatorio, y por eso puede declarar ella: Estaba yo con mi ángel en el purgatorio y veía la gran aflicción de aquellas pobres almas que no podían valerse a sí mismas, y cuán poco las socorren los hombres de nuestro tiempo.
No se puede expresar lo necesitadas que están. Las comprendí cuando me hallé separada de mi guía por una montaña. Experimenté tan vivo anhelo y tal afán de volver a su lado, que casi perdí el sentido. Le veía a través de la montaña, pero no podía ir hacía él. Entonces me dijo el ángel: ―Ese mismo deseo que tú sientes, lo sienten estas almas de que se las socorra..!
El ángel me exhortaba a ofrecer todas mis privaciones y mortificaciones por las ánimas benditas. Yo enviaba muchas veces a mi ángel custodio al ángel
de aquellos a quienes veía padecer, para que él los moviera a ofrecer sus dolores por las ánimas benditas. Lo que hacemos por ellas, oraciones u otras buenas obras, al punto se les convierte en consuelo y alivio. ¡Se alegran tanto, son tan dichosas con esto y tan agradecidas! Cuando yo ofrezco por ellas mis trabajos, ellas ruegan por mí.
“ME ESPANTA VER LA ABUNDANCIA DE GRACIAS QUE LA IGLESIA PONE A DISPOSICIÓN DE LOS HOMBRES, Y CÓMO ESTOS RENUNCIAN Y SE APROVECHAN TAN POCO DE ELLAS Y MIENTRAS LAS DESPERDICIAN HORRIBLEMENTE , LAS POBRES ALMAS DEL PURGATORIO SE CONSUMEN Y DESFALLECEN POR NO PODER VALERSE DE ELLAS “.
He visto en el purgatorio a protestantes que vivieron piadosamente en su ignorancia religiosa. Se sienten abandonados, porque nadie ruega por ellos.
Una noche fui conducida al purgatorio. Me parecía un abismo profundo enormemente espacioso. ¡Da enorme lástima ver lo triste que están las pobres almas en aquel lugar!
Las mayor parte de los hombres están allí expiando la indiferencia con que juzgaron sus pecados habituales.
Y no olvidemos que en el purgatorio están los ángeles custodios, acompañando a las almas hasta el momento definitivo de su liberación. En el momento del juicio particular después de morir, en el mismo lugar de su muerte —nos dice Ana Catalina —, allí veo a Jesús, a María, al santo patrono de cada uno y a su ángel custodio..
He recorrido muchas veces el purgatorio, acompañada de los santos. Siempre tengo que caminar por caminos tristes, pero acepto este trabajo en expiación de los pecados de las ánimas benditas y voy orando por ellas. Recuerdo los padecimientos de los santos y los ofrezco juntamente con los de Jesús por las almas benditas.
¡Oh, cuántas gracias he recibido de las benditas almas! ¡Ojalá quisieran todos participar conmigo de esta alegría! ¡Qué abundancia de gracias hay sobre la tierra! Pero cuánto se las olvida, mientras que ellas suspiran ardientemente porque nos acordemos de ellas. Allí, en lugares varios, padeciendo diferentes tormentos, están llenas de angustia y de anhelo de ser socorridas. Y por grande que sea su aflicción y necesidad, alaban a Nuestro Señor. Todo lo que hacemos por ellas les causa una infinita alegría..
…Y eran muchas almas liberadas con la ayuda de Ana Catalina que regresaban a darle las gracias, porque son muy agradecidas.
VIAJE AL INFIERNO
Cuando el ángel abrió la puerta, me vi en medio de una confusión de voces de espanto, de maldiciones, injurias, aullidos y lamentos… Cuando me acuerdo de lo que vi, tiemblo de pies a cabeza. Todo lo vi en su conjunto; allí había una sima tenebrosa, había fuego, tormentos, noche. Los límites del horizonte eran siempre noche. Al acercarme, vi un país de infinitos tormentos.
Evidentemente todo esto lo vio en visión, pero todo lo que podamos imaginar del infierno se queda pequeño con respecto a la realidad de quienes libremente rechazaron a Dios. Él respetó su libertad y no quiso obligarles a amarlo. Ellos le odiaron y escogieron vivir eternamente en compañía de los demonios en un mundo de odio, violencia, impureza y maldad…

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